Ya no están solo en la sala ni se encienden por pura decoración. Las velas están ganando un lugar inesperado en el día a día de los consumidores: ahora se codean con productos de skincare y se convierten en protagonistas de experiencias íntimas, creativas y sensoriales. ¿Qué nos dice esta transformación sobre el futuro del consumo de velas?
Durante años, las velas fueron vistas como objetos funcionales o decorativos: se usaban para alumbrar espacios, aromatizar ambientes o ambientar cenas especiales. Pero 2025 marca un punto de quiebre: las velas han pasado de ser un accesorio más a convertirse en parte activa de nuevos rituales de bienestar, autocuidado y conexión emocional.
Desde ALAFAVE conversamos con fabricantes, especialistas y consumidores para entender qué hay detrás de este giro. El resultado: un universo en expansión donde las velas ya no son fondo, sino forma. No solo iluminan una habitación, sino estados de ánimo, intenciones y experiencias colectivas.
Velas & Skincare: luz cálida para rutinas de autocuidado
Si hoy entras a una tienda especializada o exploras marketplaces, verás un patrón claro: muchas velas han dejado su lugar en la categoría de decoración y ahora brillan en el estante de bienestar. ¿Por qué? Porque cada vez más personas las integran en sus rutinas de self-care.
Encender una vela ya no es solo una cuestión de aroma, aunque las fragancias siguen siendo importantes, sino una forma de crear atmósferas que invitan al descanso, la introspección y el autocuidado. La luz tenue, el olor envolvente y un entorno tranquilo transforman actividades como aplicar una mascarilla o hacer meditación en un ritual consciente.
Esta tendencia ha impulsado el uso de ceras naturales como la de soya o coco, y la inclusión de aceites esenciales con beneficios para la mente y el cuerpo, como lavanda, eucalipto o jazmín. Incluso hay velas pensadas para masajes, que al derretirse se convierten en aceites tibios para la piel. Todo esto ha borrado los límites entre iluminación, belleza y bienestar.
Para los fabricantes, el reto es grande: repensar desde la fórmula hasta el empaque y los canales de venta. La vela como elemento de autocuidado ya no es una novedad, sino una necesidad en un estilo de vida centrado en el bienestar.
Fabianny Muniz, experto en fragancias y miembro de ALAFAVE, lo resume así:
“He observado cómo las velas aromáticas han dejado de ser simples objetos decorativos para convertirse en protagonistas del bienestar: hoy, en muchas tiendas, vemos a las velas migrar silenciosamente de las secciones de aromatización y decoración hacia el universo wellness, conviviendo con jabones, cuidado personal y skincare”.
Muniz destaca que ya no se trata solo de perfumar, sino de crear momentos. Para él, encender una vela es «un puente emocional entre el aroma, la luz y la pausa», una forma de sentirse mejor, bajar el ritmo y reconectar consigo mismo.
Pintar velas: creatividad, ritual y comunidad
Pintar velas: creatividad, ritual y comunidad
La segunda tendencia que está en auge este año tiene menos que ver con fragancias y más con color, forma y expresión personal. Pintar velas se ha convertido en una experiencia buscada, sobre todo por mujeres jóvenes que desean planes distintos, relajantes y con propósito.
Los llamados candle painting parties (reuniones para decorar velas a mano mientras se comparten snacks, buena música y conversación), están reemplazando a las salidas tradicionales. Aquí, la vela no es un producto terminado, sino un lienzo en blanco. Cada creación se transforma en una pieza única, con símbolos, frases o colores que conectan con emociones o intenciones personales.
Cristina Delgado, fabricante ecuatoriana y miembro de ALAFAVE, nos explicó que esta tendencia surge del auge del DIY y del deseo de personalizar objetos cotidianos: “En redes sociales se volvió muy popular porque es una experiencia relajante, estética y perfecta para compartir. Además, la vela deja de ser solo un producto decorativo para convertirse en una pieza artística hecha por cada persona”.
Desde su experiencia como fabricante, Cristina ve en esta y otras tendencias, como el candle bar o el uso de velas en rutinas de skincare, una oportunidad para crear experiencias con la marca, abrir nuevas líneas de producto, y construir una comunidad fuerte en torno a la creatividad y el bienestar: “Podemos ofrecer talleres, kits, velas listas para pintar, fragancias inspiradas en el bienestar… Esto conecta emocionalmente con el cliente, y genera valor más allá del producto”.
En cuanto a las técnicas, Cristina nos cuenta que se utilizan pinturas especiales para cera, acrílicas o a base de agua, y métodos como brush painting, punteo, sellos o ilustración libre:
“Es una actividad relajante, apta para todas las edades, que combina creatividad con un producto que luego sirve como decoración o regalo personalizado”.
Más allá del resultado estético, estas actividades reflejan una necesidad creciente: hacer algo con las manos, bajar el ritmo, reconectar con la creatividad y compartir momentos auténticos. Y en ese escenario, la vela brilla no solo como objeto, sino como experiencia viva, sensorial y profundamente personal.
Candle Bar: personalización y experiencia sensorial
En esta misma línea de experiencias creativas surge otra tendencia que está ganando espacio con fuerza: el Candle Bar. Se trata de espacios (ya sea en tiendas, eventos o pop-ups) donde las personas pueden crear sus propias velas personalizadas desde cero, guiadas por expertos.
En un candle bar, cada persona elige la cera (generalmente sostenible, como la de soya), el recipiente, los aceites esenciales y los elementos decorativos. Todo esto ocurre en un ambiente relajado, muchas veces acompañado de café, vino o música suave, haciendo de la experiencia algo memorable, perfecto para reuniones con amigos, citas o eventos corporativos.
Lo interesante es que esta tendencia no responde solo a una moda, sino a tres grandes fuerzas de consumo actuales: la búsqueda de experiencias interactivas, el interés por lo artesanal y sostenible, y el deseo de productos únicos que reflejen la identidad de quien los crea. Un candle bar no solo vende velas: vende momentos, recuerdos y emociones encapsuladas en aroma y luz.
Un objeto, múltiples significados
Todas estas nuevas formas de vivir las velas, como ritual de cuidado, como canal de expresión, como experiencia compartida, nos confirman lo que desde ALAFAVE venimos observando: la industria está en plena transformación.
Ya no basta con que una vela huela bien o sea bonita. Hoy se espera que tenga un propósito, que cuente una historia, que represente algo personal. Las velas se han convertido en símbolos de pausa, de intención y de conexión.
Y para los fabricantes, este cambio es también una oportunidad. Innovar, diversificar productos, ampliar canales, explorar nuevos mercados. Las velas siguen encendidas, pero ahora también iluminan caminos nuevos para crecer, crear y conectar.


