La llama que se hereda: el legado de las empresas familiares en la industria velera

Detrás de cada vela encendida, muchas veces hay una historia que atraviesa generaciones. Una llama que no se apaga, sino que se pasa de mano en mano: del abuelo al hijo, del hijo al nieto, con la firme intención de mantener vivos no solo un negocio, sino los valores, la identidad y la pasión de una familia.

En América Latina, las empresas familiares representan más del 80% del total de las compañías en la región, según cifras del BID. Estas organizaciones (grandes, medianas o pequeñas) han demostrado ser resilientes ante las crisis, conservar un fuerte sentido de pertenencia y mantener una visión de largo plazo.

Nuestra industria de velas no es ajena a esta realidad. Entre más nos conocemos entre miembros, vemos que, la fabricación de velas en América Latina tiene profundas raíces familiares, donde el conocimiento se transmite con cariño, disciplina y orgullo. Desde pequeños talleres artesanales hasta fábricas consolidadas, muchas de nuestras empresas asociadas a ALAFAVE nacieron en un hogar y han crecido con la dedicación de varias generaciones.

Velas Tungurahua: más de 100 años de historia encendida

En el corazón de Ambato, Ecuador, se encuentra Velas Tungurahua, una empresa que es mucho más que un negocio: es un legado centenario. Pedro Pacheco, miembro de ALAFAVE, es su actual gerente y cuarta generación al frente de la empresa. Pacheco nos compartió su historia, que comenzó en 1920 con sus bisabuelos y se consolidó en 1947 con la fundación formal de la fábrica por su abuelo.

Hoy, Pedro lidera la compañía junto a su familia, manteniendo vivo el espíritu con el que fue creada. Su sobrino, quinta generación, se unió hace tres años después de completar su maestría en España, lo que demuestra el compromiso de las nuevas generaciones con la empresa. En el podcast de ALAFAVE, Conversaciones con el Doctor Vela, Pacheco nos cuenta que aunque la vela blanca tradicional sigue siendo su producto insignia, han evolucionado hacia líneas decorativas y aromáticas, utilizando técnicas artesanales heredadas, como los moldes (antes de latón, hoy de silicona), pero con el mismo cuidado por el detalle.

Pedro destaca cómo, a pesar de los avances tecnológicos, se mantienen intactos los valores familiares: el cumplimiento de la palabra, el respeto por los colaboradores y la visión compartida de que el negocio es una extensión del hogar. En su empresa participan actualmente su esposa, su madre, su hermana y su sobrino. Incluso su hijo, con apenas 10 años, ya muestra curiosidad por el oficio.

Además, Pedro enfatiza la importancia de contar con protocolos familiares escritos para facilitar las transiciones generacionales. “Saber quién puede integrarse, en qué momento y con qué preparación, ayuda a proteger lo construido”, afirma.

Velas San Jorge: una luz que une generaciones y tradiciones

En el corazón del municipio de Entrerríos, en el norte de Antioquia, nació en 1982 una empresa que hoy forma parte del tejido cultural y comercial de Colombia: Velas y Velones San Jorge. Lo que comenzó como una pequeña producción artesanal para abastecer algunos municipios vecinos, San Pedro, Santa Rosa, Don Matías y Entrerríos, es hoy una de las compañías más representativas del sector en el país.

La historia de esta empresa familiar comenzó con un gesto simple pero poderoso: El padre de Paula Pérez, actual directora administrativa y a quien entrevistamos en exclusiva en ALAFAVE, fabricaba velas en el patio de la casa de un amigo y socio. Al poco tiempo, su socio se retiró, pero él decidió continuar. Con determinación y visión, convirtió ese taller casero en una empresa sólida que, año tras año, ha sabido reinventarse sin perder sus raíces.

En 1989, tan solo siete años después de su fundación, la cobertura de Velas San Jorge se extendía ya por todo el departamento de Antioquia. Para 1993, iniciaron un proceso de modernización de su infraestructura y medios de producción, introduciendo tecnología de punta, automatización y nuevos estándares de calidad que les permitieron responder con agilidad a una creciente demanda. Nos cuenta Paula que durante la crisis energética de los años 90, el uso de velas se disparó en Colombia, y con ello, la empresa vivió un punto de inflexión que marcó su expansión nacional.

Hoy, Velas San Jorge está presente en los 32 departamentos del país, cuenta con más de 300 distribuidores y sus productos están disponibles en cerca de 60.000 puntos de venta, impactando la vida cotidiana de millones de colombianos.

Pero más allá de las cifras, hay una historia familiar que continúa encendiendo esta llama. Paula, su padre, su hermano y otros miembros de la familia siguen liderando el crecimiento de la empresa. Cada uno aporta desde su experiencia y compromiso, consolidando un legado que combina tradición, innovación y valores profundamente humanos.

Uno de los momentos más significativos del año para la empresa es el 7 de diciembre, Día de las Velitas, una celebración nacional cargada de simbolismo. “Iluminamos los hogares colombianos y mantenemos vivos valores como el compartir en familia”, nos dice Paula. La empresa ha sabido interpretar cómo esta tradición evoluciona: hoy las velas se personalizan con nombres, deseos e intenciones, volviéndose símbolos de unión, esperanza y afecto.

Velas San Jorge no solo ilumina espacios, ilumina historias, memorias y comunidades enteras. Y en su recorrido, representa con orgullo lo que muchas empresas ALAFAVE encarnan: tradición familiar, evolución constante y una profunda conexión con la cultura y la gente.

Una llama compartida

Detrás de cada vela hay una historia, pero cuando esa historia es familiar, la llama se enciende con más fuerza. Las empresas familiares son el alma de nuestra industria, porque llevan en su ADN la pasión, la constancia y el deseo de construir un legado.

Desde ALAFAVE queremos rendir homenaje a todas esas familias que, como las de Pedro y Paula, han convertido su empresa en un proyecto de vida. Que han superado dificultades, que han aprendido a pasar el testigo, que han sabido innovar sin traicionar su esencia.

A todos los fabricantes de velas que comparten esta visión: gracias por mantener viva la luz, por enseñarnos que lo más valioso de una empresa es el amor con el que se construye. Que cada vela que fabricamos lleve un poco de esa historia, de ese vínculo, de ese fuego que no se apaga.

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